Publicidades colaboracionistas.
En los últimos años en Latinoamérica y el Caribe ha aumentado en forma alarmante el número de mujeres asesinadas por el hecho de serlo, como la materialización a un nivel de paroxismo de las desigualdades de género, esa construcción cultural sostenida a lo largo de milenios para justificar la dominación del varón sobre la mujer. Si menciono el concepto de construcción cultural es para no perder de vista su carácter de artificialidad establecida simbólicamente, y por ende, mutable. Esto implica que lo creado por los humanos puede ser modificado por ellos mismos pues no hay ni un orden natural ni una ley universal que la sostenga. He aquí donde la publicidad puede admitir la responsabilidad que tuvo a la hora de mantener estos patrones injustos y a la vez asumir el compromiso de cambiar, a través de sus mensajes, este orden de cosas.
Debemos decir en
primera instancia que la publicidad no puede alegar inocencia pues su impacto en
la sociedad tiene un peso tal que ha relevado en sus funciones a las
instituciones tradicionales en el proceso de socialización de los individuos. Ha pasado a suplir
el rol de las religiones e ideologías en una sociedad fragmentada que encuentra
en el consumo y la publicidad el elemento de cohesión. La relevancia de esto a
los fines de entender el rol de la publicidad en la violencia machista radica en
la enorme influencia que los mensajes publicitarios, transversalmente presentes
en los medios masivos y redes sociales, tienen en la configuración de los
entramados colectivos de significado.
Solo debo apelar a unos
cuantos ejemplos para que quede claro el rol de la mujer en los avisos
publicitarios, los cuales están inspirados en estereotipos como los siguientes:
·
Ama de casa experta solo en la limpieza
del hogar y el cuidado de los niños.
·
Bellos objetos sexuales desprovistos de
pensamiento racional, solo movilizados por instintos básicos.
·
Personas frívolas preocupadas por la estética y el lujo.
·
Pacientes aquejadas de funciones
intestinales lentas o de dolores vinculados a su ciclo menstrual.
Lo mencionado
anteriormente es una clara muestra del rol que tiene la publicidad en la
división de los roles de género al vehiculizar los valores asociados al patriarcado.
Esto lo hace a través de estereotipos, como forma de pensamiento simplificada e
impregnada de prejuicios, con el fin de sostener dichos roles, los cuales se
presentan como “ la construcción cultural que consagra la desigualdad y la desventaja
económica, social, política cultural de las mujeres respecto a los hombres”
(Altés, 2012, p. 200). En esto los medios cumplen un rol central pues son los
encargados de transmitir “los valores, normas y comportamientos que cada
momento histórico asigna a la feminidad y masculinidad” (Altés, 2012, p. 200).
De esta forma es válido
pensar que, si la publicidad ha colaborado durante años a través de
estereotipos para sostener este orden injusto y violento, quizás ya haya
llegado la hora de asumir la responsabilidad que tiene en la construcción de
los imaginarios colectivos y el enorme poder para cambiar este estado de cosas
en pos de una sociedad realmente igualitaria. De hecho la ultima publicidad de
Audi llamada “la muñeca que eligió conducir” puede ser la muestra de que
vientos de cambio están soplando, y finalmente algunas agencias se hayan
propuesto socavar el entramado de ideas y símbolos que sostienen el patriarcado.
Ejemplos de publicidades sexistas:
https://www.youtube.com/watch?v=xjNgHBh-Wvc Snickers (México)
https://www.youtube.com/watch?v=Up641ld-Ur4 Guinnes Share with friends
https://www.youtube.com/watch?v=MIu5UXqErww
Cerveza Brahma (Argentina)
Ejemplo
de vientos de cambio en publicidad:
https://www.youtube.com/watch?v=V-siux-rWQM
La muñeca que eligió conducir (Audi España)
Referencias:
Rey J. (2006). Publicidad y religión
Semejanzas y diferencias entre el discurso publicitario y el discurso católico.
Trípodos, 18, pp. 65-72.
Altés E. (2012). La publicidad o la
venta del imaginario oculto: ¿existe violencia sexista en los anuncios?
Cuestiones de género: de la igualdad y la diferencia, 7, pp. 197-205.

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