El comienzo de mi búsqueda


Una experiencia personal fue el punto de partida para empezar a escribir este blog. En él quiero compartir mis puntos de vista acerca de cómo la mirada del otro es el factor determinante a la hora de construir nuestras identidades en estos tiempos de redes sociales, especies de vidrieras donde un influencer es alguien que influye sobre otros simplemente por su aspecto o estilo de vida pero no a partir de ideas. Este espacio lo abro con una reflexión surgida como resultado de una intoxicación provocada por el sudor impregnado de esteroides en un pequeño gimnasio de una ciudad dormitorio cercana a Córdoba Capital.

                                    Photo by Edu Lauton on Unsplash


Me mire un día al espejo y solo pude decir lo siguiente: y bue… es lo que hay. Entonces me encontré con dos opciones, por un lado podía ingerir hormonas cual pollo de criadero, o anotarme en un gimnasio para intentar comprobar que arriba de los huesos hay algo que llaman músculos, que siempre fueron para mi más que una realidad, una leyenda urbana. Entonces allá fui, y con mucho empeño conseguí algo, que la columna presionara un nervio como consecuencia de hacer sentadillas con 40 kilogramos a cuestas. En ese instante me di cuenta que era víctima de un estereotipo de belleza impuesto. Por qué no puedo ser flaco si al fin y al cabo es la forma con la que nací, y salvo que vuelva a nacer, seguramente así seré hasta que me vaya de este mundo.
En medio de pesas y mancuernas me decidí a indagar acerca del origen de esta presión para parecernos a una especie de reencarnación de Adonis, que nos lleva a muchos hombres, a someternos a sesiones de gimnasio que tienen más de tortura que de sano ejercicio físico.
Empezaré por decir que sería muy difícil escapar de esta situación pues forma parte de la sociedad en la que vivimos donde , desde finales del siglo XX, la juventud y la belleza son los valores centrales que definen nuestras vidas, los cuales, a su vez, son internalizados a partir de unos poderosos agentes de socialización, los medios masivos de comunicación.
Debemos tener en cuenta, además, que esta situación se produce de la mano de transformaciones sociales y económicas, en la que, las instituciones tradicionales como la religión y la familia experimentan profundas transformaciones, y de esa forma la cultura y las cuestiones vinculadas a la vida del espíritu, pierden importancia frente al placer y los bienes materiales, aquellos que podemos disfrutar aquí y ahora.  El hedonismo, como búsqueda de placer, y la inmediatez, se convierten en actitudes de vida, a la vez sociales e individuales.
Como resultado de esta nueva actitud de vida, construimos nuestras identidades a partir de los valores de la sociedad de consumo, inserta en un cuerpo convertido en el lugar privilegiado donde se produce la mediación de la experiencia humana, y que, refleja lo que fuimos, somos y seremos. Ahora es el cuerpo el sujeto de culto al que le dedicamos toda nuestra atención, en detrimento del cultivo de la mente y el espíritu.
A partir de lo que antes mencione podemos inferir que a la imagen corporal no la construimos desde adentro, sino que, por el contrario, la elaboramos a partir de influencias externas, como los medios masivos de comunicación y la publicidad, que en este asunto cumplen un rol determinante.
Los medios nos dan una idea de cómo deben lucir nuestros cuerpos, una idea que tiene la forma de un mandato social. En cierta medida, en esta sociedad, nuestra felicidad y éxito estará determinado por cuan cerca estemos de alcanzar este ideal estético. Si nuestra apariencia se encuentra lejana de aquello que nos es impuesto, la angustia y la frustración pueden volverse la norma en nuestras vidas. Esta lógica perversa gira en torno a una concepción de belleza universal que ignora las particularidades de cada individuo. Su influencia no solo se ejerce sobre las personas y la manera en que se ven a si mismos, sino también en la forma que nos relacionamos con los otros.
La publicidad y los medios masivos de comunicación difunden un modelo de belleza orientado hacia un cuerpo de tipo fitness, o sea, atlético y musculoso, que aparece además como símbolo de salud y éxito. Sin embargo, los cuerpos concebidos desde este ideal, pueden llevar a enormes frustraciones cuando la propia complexión dista de parecerse a estos cánones.  De esta forma vemos que, compararnos con estándares de belleza inalcanzables, puede convertirse en una experiencia devastadora y llevarnos a un camino de baja autoestima, insatisfacción con uno mismo, y peor aún, a psicopatologías y conductas obsesivas.

Entonces debemos preguntarnos qué tipo de vida queremos y en qué cuerpo vamos a transcurrirlas. Debemos plantearnos si queremos ser esclavos de ideales de belleza impuestos por poderosos mecanismos de socialización, como la publicidad y los medios masivos de comunicación, o aprenderemos a ser felices con nuestros cuerpos, como símbolos de nuestra individualidad, a la vez que partes de un todo llamados humanidad. Creo que lo importante es amarse a uno mismo desde aquello que nos hace únicos, escapándonos de imposiciones arbitrarias que nos llevan a castigar nuestras corporalidades con el afán de alcanzar cánones irrisorios.

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